Rechiflao en mi tristeza

Te evoco y veo que has sido
en mi pobre vida paria
una buena biblioteca.

Te quedaste allá,
en Villa del Parque,
Con Thomas Mann y Roberto Arlt y Dickson Carr,
con casi todas las novelas de Colette,
Rosamond Lehmann, Charles Morgan, Nigel Balchin,
Elías Castelnuovo y la edición
tan perfumada del pequeño
amarillo Larousse Ilustrado,
donde por suerte todavía
no había entrado mi nombre.

También se me quedó un tintero
con un busto de Cómodo,
emperador romano
cuya influencia en las letras
nunca me pareció excesiva.

Julio Cortázar, Nairobi 1976

SIEMPRE EMPEZÓ A LLOVER,

FOTOGRAFÌAS DESDE JULIO CORTÁZAR

 Julio Cortázar vivió junto a su familia en el barrio Rawson (Agronomía, Capital Federal) entre 1934 y 1951, año en el que decide mudarse a París. Fue un período de intensa formación literaria, iniciado a los 19 años con la lectura de “Opium” de Jean Cocteau y seguido por su oficio de traductor, la docencia en Chivilcoy y los primeros viajes por Latinoamérica. Los jardines del barrio de Agronomía son mencionados en distintas obras, particularmente en el cuento “Ómnibus” de Bestiario (1951).


Mi infancia fue en el barrio Rawson. Habiendo pasado más de medio siglo, dejó de ser un suburbio pantanoso para ser hoy un refugio asediado por el despiadado crecimiento urbano, una fortaleza custodiada en igual proporción por gorriones y gatos.


“Siempre empezó a llover”

 Esta serie fotográfica propone un acercamiento a Cortázar desde su con-texto, un punto de partida inverso a la lectura.  Fueron tomadas durante el año de su centenario (2014) en el departamento que habitará Julio antes de su partida a Paris: su biblioteca personal, su dormitorio y las vistas de desde su ventana.


Agradecimientos:
a Nelly Schmalko, Nahuel Suárez, 
Mora Langer., Victoria Flores y Alexander Bednarski 

Siempre empezó a llover

Siempre empezó a llover

en la mitad de la película,

la flor que te llevé tenía

una araña esperando entre los pétalos.

 

Creo que lo sabías

y que favoreciste la desgracia.

Siempre olvidé el paraguas

antes de ir a buscarte,

el restaurante estaba lleno

y voceaban la guerra en las esquinas.

 

Fui una letra de tango

para tu indiferente melodía.

 

 

                                

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